-¿Entonces has quedado otra vez con tu amiga?- José no sabía cómo tomárselo. El sabía que eso pasaría tarde o temprano, pero una parte de él confiaba en que ella cambiaría de opinión algún día.
-¿Celoso?- Carmen tenía su espalda apoyada en el costado de José, el brazo de él rodeando su cintura. El plan era ver una película en el sofá, pero no estaba a la altura de las críticas, así que se habían distraído hablando.
-Bueno... Es que... No sé si...
-Entiendo... ¿Está buena, sabes? Creo que nunca ha estado con un hombre. ¿Te la presento?
-No creo que ella quiera.- José no esperaba eso para nada cuando sacó el tema.
-Le pregunto.- Carmen cogió el móvil y mandó un mensaje. Al poco Alexandra respondió.- Dice que vale, pero yo tengo que estar presente y si se pone nerviosa, tú paras.
-¿¡Qué!? ¿Así de fácil?- José miró el móvil y comprobó que era cierto. La situación le parecía rocambolesca.
-Enhorabuena, ya tienes dos follamigas. Si no hubieras cortado con tu novia, cosa que te dije que no hicieras, serías el tío más envidiado del barrio.
Quedaron en casa de Álex que era mucho más grande, estaba lejos de zonas urbanas, y casi siempre vacía, excepto por las tres horas cada dos días que trabajaba el servicio de limpieza. Y además estaba el jacuzzi. La motocicleta de Carmen no era muy apta para dos personas viajando más de cien kilómetros, así que usaron ese artefacto viejo y hecho polvo que José llamaba coche.
-¿Quién es?- Preguntó Álex poco después de que Carmen llamara a la puerta.
-¿Cómo que quién soy? ¿Has quedado con más gente?- Carmen bromeó, la puerta se abrió en seguida. En frente de la puerta el vestíbulo estaba dominado por una amplia escalera que se dividía en dos a mitad de camino hacia la primera planta. Instantes después Álex bajaba las escaleras por el lado izquierdo, donde estaban su habitación y su despacho.- Hola, muñeca.- Carmen la abrazó y la levanto en brazos. Antes de volver a dejarla en el suelo ya habían juntado las bocas y sus lenguas bailaban la danza de la alegría.- ¿Esto es lo que entiendes por sexy?- Álex solía vestir como la mujer de negocios que era. Chaqueta, pantalón y camisa generalmente cerrada hasta el cuello. Esta vez no llevaba chaqueta y la camisa tenía los botones de arriba desabrochados.
-Bueno..., no llevo sujetador.- Explicó ella tímidamente.
-Ah..., vale, vale. Bueno, os dejo, yo tengo que trabajar.- Señaló con el pulgar a la mochila en su espalda donde llevaba el portátil. Sin más, se fue escaleras de la izquierda donde la señal wi-fi era más intensa. Además ella solía dormir en la misma habitación y en la misma cama que su amiga, cuando quedaban.
-Eh..., hola soy...- José no sabía que decir, nunca se había sentido tan incómodo. Se calló a media frase cuando vio que Álex se había desabrochado la camisa, dejándola caer al suelo y revelando, efectivamente, sus pechos desnudos.
-Se supone que tengo que ser lanzada contigo. Es lo que ella ha dicho.- Se quitó los pantalones y los zapatos. Resultó que tampoco llevaba panties ni calcetines.- Parece que la puerta sigue abierta.- Se llevo las manos a la nuca, fingiendo que estiraba los músculos, más bien una excusa para enseñarlo todo y enseñarlo bien, incluido el depilado brasileño.- Voy a cerrarla, o podría colarse algún hombre y hacerme cosas... Ya sabes..., aquí.- Fingiendo que señalaba su vagina con el dedo índice aprovechó para acariciarse el labio. José tragó saliva.
Álex avanzó hacia la puerta contoneando las caderas como Carmen solía hacer cuando mandaba mensajes poco sutiles. José dejó en el suelo la bolsa de viaje. Sería descortés rechazar semejante invitación. Al parecer, para cerrar la puerta Álex necesitaba tener las piernas bien abiertas y bien rectas, mientras su espalda se inclinaba hasta que su cara quedó a la altura de la manivela. Su dedo índice seguía acariciando su labio y un cierto zumo transparente ya empezaba a formarse. En ese punto José ya no podía decir que no a la dama.
Siguiendo los consejos de Carmen Álex “conoció” a su primer hombre en el vestíbulo de su casa familiar con la puerta entornada. No se arrepintió. Él fue firme y tierno. Empezó despacio y fue acelerando a medida que ella se lo pedía. Una vez que ella hubo terminado, él se aseguró de sujetarla abrazándola. Aún dentro de ella, esperó a que se calmara. La besó varias veces en el cuello y la mejilla, tal como Carmen le había descrito.
José esperó a que ella se moviera primero. Ella pensaba que el se apartaría, eso había dicho Carmen que pasaría. En su lugar el la abrazó un poco más fuerte. El guión no era cien por cien preciso.
-Se supone que ahora tengo que salir.- José le susurró en el oído.- Ha sido un placer, Alexandra Bizet. Está claro que mi amiga tiene buen gusto.- Hizo una breve pausa.- Luego querré volver a entrar, pero no sé cuando. Si me das permiso ahora, luego no tendré que preguntar.- El amigo de Carmen resultaba ser todo un caballero.
-Entonces será mejor que no me vista. No vayas a pensar que no te quiero dentro.- Dijo Álex tras reflexionar un momento. No quería arruinar la metáfora.
-¿El servicio, me lo enseñas?- José salió, cerró la puerta de la casa que seguía entornada y cogió la mano de Álex. Álex lo guió a través de los pasillos. Al llegar ella intentó salir pero él se lo impidió. Cogió un trozo de papel y limpió con cuidado la entrepierna de ella.- Supongo que tú también estás con pastillas.- Ella asintió.- Bien, así podré estar mucho más tiempo dentro. Porque tengo tu permiso, si te he entendido correc...
Álex tiró de él forzándolo a sentarse en el retrete. Rápidamente se sentó sobre él a horcajadas. Metiendo la mano libre entre sus piernas acarició su pene hasta que se puso duro de nuevo. Carmen le había traído a su mejor amigo. Su persona más querida. Su punto débil. Resultó que estaba por encima de las expectativas, en varios sentidos. Ella no podía ser menos.
-Solo lo diré una vez. En adelante si no te digo claramente que no, entonces asume que mi respuesta es sí.- Guió su pene dentro de ella.- Pero si tengo que elegir, la elijo a ella.
-Claro.- Gimió. Esta vez dejó que ella marcara el ritmo.- Porque tienes buen gusto.
Durante la cena José parecía tenso y movía mucho las piernas. Álex sonreía constantemente cuando creía que nadie le miraba. Carmen sospechaba que su plan había sido un éxito.
-¿No tienes frío?- Preguntó Carmen. Alex seguía desnuda.
-Eh..., un poco.- Respondió con voz débil. Parecía atontada. No dejaba de dar vueltas con el tenedor a una rodaja de tomate.
-¿Qué le has hecho? ¿Me la has estropeado?- Preguntó Carmen a José.
-A mí no me mires yo solo he seguido tu guión. Más o menos.- Dio otro trago de agua. Parecía tener mucha sed.
-Vale.- Carmen se encogió de hombros.- Luego, coges a aquí, lady sonrisas, y te la llevas a su habitación. Dale un empacho de polla. Cuando se quede dormida me llamas. Cabemos los tres en la cama. Si no te has olvidado de mí...
-¡Ja! Ahora eres tú la celosa.- José disfrutaba enormemente de la ironía. Miró a Alexandra un momento. Tomó una decisión.- Preciosa, si no tienes más hambre, vete a la cama, no vayas a coger frío. Enseguida iré a darte un beso con lengua muy largo..., ya sabes..., ahí abajo.- Álex enrojeció, besó a Carmen en los labios y se fue escaleras arriba.- Pues ya está hecho, ¿no?
-¿Qué?- ¿Acaso José insinuaba algo?
-Ya nos has buscado pareja a los dos. Ahora, cuando salgas por ahí, vestida de cuero y látex a hacer algo estúpido e innecesario, tendrás la conciencia tranquila. Ya puedes morir en paz, que es lo que querías.- Él tono de José era más triste y amargo, quizá, de lo que había sido nunca.
-Qué melodramático...- José apretó los labios.- Es una buena persona. Demasiado buena para el mundo en que vive. Puedo protegerla de muchas cosas, pero no de mí. Tu ya estás vacunado. Si me pasa algo vienes aquí cagando leches, y os protegéis mutuamente. Tú le darás el cariño que se merece y nunca tuvo.- Carmen guiñó el ojo y sonrió para relajar el ambiente.- Y ahora a follar, machote.