-Y tú tan preocupada.- Carmen besó a Álexandra en el cuello y la mejilla. El agua del jacuzzi aún estaba caliente, un chorro de aire acariciaba su rabadilla, la espuma le cubría la mitad del cuello.
-No sabía que esperar de ti. Nunca había sido más vulnerable.- A su espalda, Carmen la abrazaba con firmeza. Como si pensara ir a algún sitio. No ese día. No en ese momento.
-Puedo hacerte más vulnerable.- Carmen mordisqueó el lóbulo de la oreja de su nueva mejor amiga. Deslizó su mano izquierda hacía el secreto que Álex tan celosamente había guardado tantos años. Cuando encontró la puerta, introdujo suavemente dos dedos para asegurarse de que se quedara abierta.
-No me gusta esto.- Dijo Álex tras una pausa. Le costaba concentrarse.- Se suponía que tú ibas a ser mía, no al revés.
-Será posible...- Carmen mordisqueó el cuello de Álex.- Menos quejas, señorita.
-Tienes razón.- Apenas necesitó pensarlo, Carmen estaba absolutamente en lo cierto. Liberándose de los brazos que la protegían de unos miedos que ya deberían estar más que superados, se dio la vuelta y se sentó a horcajadas sobre su compañera.- Te había prometido algo y he fallado.- Sin dejar responder a Carmen, agarró su cabeza con las manos y la atrajo hacia sus labios donde una ávida lengua esperaba para reclamar su tesoro.
-He estado reflexionando sobre nuestra situación. Tú eres mía. Eso está claro. Estoy reclamando mi propiedad aquí y ahora. Sin embargo, una convivencia pacífica es más que deseable.- Días atrás cuando Carmen regresaba a casa después de su hora diaria de footing, se encontró ante su portal una visita inesperada. Habiendo dejado atrás, en apariencia al menos, su malsana enemistad, no vio inconveniente en invitarla a tomar algo. Hizo falta vaciar media taza de café para que su invitada empezara a sincerarse.
-Ya, eh... ¿A qué viene esto?
-Hecho. Estoy enamorada de ti. Hecho. Trabajamos bien juntas. Pregunta. ¿Hay algo que yo pueda hacer para que tus sentimientos hacía mi sean similares a los míos y deje de encontrarme en una posición tan vulnerable?
-Vaya, nunca habían intentado seducirme de una forma tan..., directa.
-¿Qué coño...?- Pensó Carmen.- -Creo que está tía ha perdido un tornillo.
-Soy eficiente.
-Sí, ya lo veo.
-Cuando vivíamos juntas, hubo algo de mí que te gustó. Lo sé. No era todo mentira.- Álex tenía razón, no todo era mentira.
-¿Cuando me tenías secuestrada, quieres decir? No. No todo era mentira.- Carmen no tenía ninguna buena razón para mostrar tanta sinceridad, excepto que sentía curiosidad por dónde acabaría la conversación.
-¿Podrías, por favor, explicarme qué te gustó? Te prometo que no lo voy a usar para hacerte daño. Mi palabra tiene valor, te lo aseguro.
Carmen no respondió a la pregunta ese día, ni el siguiente, ni el siguiente. Se limitó a dar respuestas evasivas, siempre insinuando que la buena llegaría más pronto que tarde.
En una conversación telefónica, Carmen explicó que tenía una fantasía sexual, sin dar más detalles. Cuando Álex la encadenó y la encerró en su casa, activó un cierto conjunto de mecanismos mentales. Como consecuencia su secuestradora no le resultó tan desagradable como teóricamente debería. Álex convenció a Carmen para que la visitara en la mansión que había heredado a la muerte de su padre, para que hablaran sosegadamente. Y esa era la intención hasta que Carmen descubrió el gimnasio, con sauna y jacuzzi. A partir de ahí la conversación se movió en otra dirección.
-Siempre haces lo que quieres conmigo. No lo entiendo.- A pesar del aplomo mostrado instantes antes, Álex se había arrepentido enseguida de su arrebato de pasión. Su ávida lengua resultó ser muy poco ávida.
-Mírame.- Carmen empujó la barbilla de Álex forzándola a mirarle a los ojos.- Esto tenía que hacerse. Has estado toda la semana tentándome. Ésta es mi respuesta. Tú has querido jugar conmigo.- La besó suavemente en los labios.- Vamos a jugar.- Le mordisqueó el cuello.- Ahora nos vamos a la cama a dormir. Mañana en el desayuno te explicaré las reglas.- Le mordisqueó el labio inferior.- Y tu puñetera timidez la vamos olvidando.
Por mucho que Álex se esforzara en terminar su desayuno con tranquilidad, no conseguía centrarse. Carmen le había explicado las reglas del juego, para, a continuación darle un ultimátum. Durante los días anteriores ella había insistido en hacer ofertas y promesas. Una y otra vez Carmen le había recomendado paciencia. Su orgullo la había cegado una vez más. Ahora estaba en juego algo más que su orgullo. La persona que amaba había confiado en su palabra. El callejón solo tenía una salida. De un trago terminó su café.
-De acuerdo, vamos a mi habitación.- Álex se sorprendió del tono decidido en su propia voz. Contempló embelesada el cuerpo desnudo de Carmen mientras salía de la cocina. Ella no se quedaba atrás en cuanto a atractivo, pero algunas consideraciones desafían toda lógica.
-¿Ves algo interesante?- Carmen se paró en medio del pasillo, abriendo las piernas y poniendo los brazos en jarras.
-Veo muchas cosas muy interesantes.- Carmen sonrió enigmáticamente, se dio la vuelta y continuó andando, balanceando exageradamente las caderas. Alex hacía lo posible por contener sus nervios. Carmen se paró de nuevo justo antes de entrar en la habitación.
-¿Qué me vas a enseñar?- Alex le acarició el culo tímidamente.
-Entra y calla.- La guió hasta la cama sin quitar la mano de la nalga. Con ternura la instó a tumbarse.
-Sí, muñeca.- Álex se tumbó a su lado y la abrazó, acariciándole la espalda con una mano y la pierna con el otro. No estaba acostumbrada a tomar un rol tan activo pero una promesa es una promesa. Había llegado el momento de decir la frase que había ensayado decenas de veces en su cabeza.- Quiero...- Carraspeó.- Quiero tu lengua ahí abajo.
-No me convence.- Carmen se levantó de la cama fingiendo desinterés.- No veo que lo tengas claro.
-¡Quiero...!- Levantó la voz sin querer. Hizo una pausa hasta haberse relajado.- Quiero tu lengua.- Dijo, está vez con seguridad.- La quiero dentro de mí. Ahora.
Carmen entendía cuan importante era ese momento. Tenía que salir bien. Se volvió a subir a la cama. Empujó la cabeza de Álex hasta apoyarla en el colchón, indicándole que se dejara llevar. Empezó besando el interior de los muslos. Luego lamió la entrada de arriba a abajo. El botón reaccionó en seguida asomando por entre los pliegues. Con un suave beso creció un poco más. Carmen sonrió, así de fácil estaba siendo. Apoyó las piernas de Álex sobre sus hombros y usó sus pulgares para abrir la puerta un poco más. El suelo y las paredes ya estaban húmedos. Con un beso en los labios y luego un segundo Álex se estremeció. Sus dedos agarraban fuertemente las sábanas. La lengua de Carmen se adentró en las profundidades y exploró concienzudamente. Boca seca y respiración entrecortada indicaron a Álex que todo iba más que bien. Terminada la exploración la lengua de Carmen pasó a tocar el botón. Una vez que el botón ya estaba a pleno funcionamiento Carmen se ayudó de un pulgar para mantenerlo en posición, mientras que la lengua volvió a explorar lo profundo.
Apenas unos minutos y el celebro de Álex no era ya funcional. Debido a la yema de un pulgar que se movía arriba y abajo rítmicamente y una serpiente húmeda que no parecía encontrar lo que sea que buscara con tanto ahínco, toda su atención estaba concentrada en su ingle. Al poema solo le faltaba una firma. Carmen mordisqueó suavemente el botón y Álex se perdió en un abismo de verdad absoluta.
Cuando recobró el sentido Carmen estaba tumbada junto a ella, su cabeza apoyada en su pecho, su mano acariciando su ingle. Aún tenía restos en la boca del zumo que acababa de exprimir. Sin pensárselo dos veces Álex la besó con lengua, olvidada ya cualquier duda que pudiera tener la noche anterior.
-Bienvenida de nuevo, muñeca. Un pequeño favor, si no te importa. Para la próxima vez no hace falta que te afeites del todo como yo, pero un buen recortado estaría bien. Ya sabes, ahí abajo.
-Hecho. Pero ahora me toca a mí. Abre las piernas.- Carmen apoyó su pierna izquierda sobre los muslos de Álex. Ésta introdujo dos dedos en su vagina y acarició su punto G mientras su pulgar jugaba con el clítoris.- ¿Va a ser así siempre que quedemos?
-No.- Carmen gimió suavemente. Agradeció que Álex por fin se estuviera ocupando de atenderla.- Mejor.- Álex le mantuvo la mirada mientras seguía trabajando en la entrepierna. Poco a poco la expresión de Carmen cambió de curiosidad primero, a relajación después y finalmente a placer.
-Entonces me afeitaré lo que tú quieras y fingiré ser lo que tú me digas.- Carmen iba a decir algo pero Álex continuó.- Y tal vez un día no hará falta que me lo digas, porque yo ya seré exactamente lo que a ti te falta. Y cuando ese día llegue, cada vez que digas que eres mía, lo dirás de verdad. Y como será verdad, entonces no tendrás que decirlo nunca más porque yo ya lo sabré.
-Vale... Pues ya lo has dicho tú todo.- Agarrando la muñeca de Álex guió su mano de nuevo a su vagina aún dispuesta.- Cuanto antes empieces a hacerme tuya mejor, ¿no?